
El mundo mágico de Walt Disney perdió el pasado 25 de julio a Harriet Burns, creadora de los diseños y prototipos de atracciones tan populares como el castillo de La Bella Durmiente y el barco de los Piratas del Caribe, o el decorado del Club del ratón Mickey. Una complicación cardiaca acabó con la vida de la primera mujer contratada por Disney Studios para integrar su equipo creativo. Tenía 79 años de edad.
La relación de Burns con Disney se remonta a 1955, cuando empezaba a cobrar forma el conglomerado del entretenimiento. Por aquellos años, las mujeres sólo trabajaban en puestos de oficina. Nacida el 20 de agosto de 1928 en San Antonio (Tejas), la diseñadora se graduó en Artes por la Universidad Metodista de Dallas. Y completó su formación en la Universidad de Nueva México, en Alburquerque. En 1953 se trasladó a Los Ángeles.
Allí comenzó a trabajar a tiempo parcial para Dice Display Industries Cooperative Exchange, diseñando interiores y decorados para televisión y algunos hoteles en Las Vegas. La compañía quebraría dos años más tarde y una compañera de trabajo le sugirió trabajar para la empresa de Walt Disney. Y así empezó pintando decorados y accesorios para un nuevo programa de televisión, el popular Mouse Clubhouse.
De Disney Studios saltó a Walt Disney Imagineering, donde participó en el diseño, montaje y acabado del Sleeping Beauty Castle, del New Orleans Square y de la Haunted Mansion entre otras atracciones, como el Storybook Land o las atracciones de la Exposición Mundial de 1964 celebrada en Nueva York. Harriet Burns trabajó durante 31 años para Disney.
Era la preferida de Walt Disney, el fundador, por su gusto, estilo y buenas maneras. Burns contaba que todos los días iba al trabajo con vestidos de colores combinados, tacones y guantes, y que eso nunca le impidió hacer el mismo trabajo que sus compañeros varones. Tras jubilarse en 1986, la diseñadora dedicó sus últimos años a la música y al arte en Santa Bárbara, donde residía.

México. No será una mera película de indios y vaqueros. Es un western extraordinario, con dos personajes, el pistolero viejo y el pistolero joven. Frontera, el nombre del protagonista, un mexicano dedicado a matar apaches, es una historia fascinante", dice Rodolfo de Anda sobre el libreto escrito hace más de 40 años por el español Luis Alcoriza y Gabriel García Márquez.
La historia del guión, por sí sola, merecería una película. Rodolfo de Anda, una institución del cine mexicano, con más de 300 películas como actor, 25 de director y decenas de filmes como productor, cuenta que en los años 60 Alcoriza - guionista de diez películas de Luis Buñuel- le ofreció el papel de pistolero joven de Frontera, cinta que se disponía a rodar. De Anda producirá ahora la película. "Sabía de la existencia del guión, que ni había leído, porque Alcoriza me lo había contado cuando me quiso contratar para interpretar al pistolero joven". Pero Alcoriza no filmó la película, que se iba a llamar Los potros, y el proyecto quedó en el olvido.
Hace unos años, De Anda se puso en contacto con el heredero de Alcoriza, y lo motivó a buscar el libreto. "No lo hallaba por ningún lado hasta que un día apareció entre un montón de libros viejos apilados en el garaje. La sorpresa fue cuando vi que estaba escrito a cuatro manos con García Márquez. Hallamos dos ejemplares, llenos de polvo, en mal estado. La primera página se podía leer, la dos y la tres no. Nos salvó el encontrar después una versión completa en inglés".
De Anda también encontró el guión técnico. "Hablé con Gabo para estar seguro de su autoría. Me dijo que no se acordaba, me pidió una copia, la releyó y llegamos a un acuerdo".
De Anda adelanta la trama:"Es una historia muy humana de un pistolero que vive de matar indios y, al hacerse mayor, intenta cambiar de vida. Ha sido un asesino de apaches, un apache killer. Se queda sin trabajo tras la última ofensiva del general Nelson Miles en la Sierra Madre. La ilusión de Frontera es tener un rancho para criar potros. Cuando anda en búsqueda de tierras, conoce a un chamaco jovencillo con el que inicia una relación fraternal. El muchacho le recuerda lo que él fue 40 años antes. Hay situaciones muy inteligentes. Se desarrolla en la frontera mexicano-estadounidense durante la guerra de exterminio contra los apaches. El ejército norteamericano quería meterlos en reservas o matarlos. Los que no se doblegaron cruzaron al lado mexicano, donde tampoco los recibían con abrazos".
A De Anda no le asusta el fracaso de las películas basadas en García Márquez. "Sus novelas me dan miedo para pasarlas al cine... pero esto es un guión".

Sin dinero, sin trabajo y con una familia que mantener. Así llegó el joven Gabriel García Márquez al DF en 1961. México albergaba entonces la industria cinematográfica más sólida del orbe hispanohablante, y el colombiano veía el séptimo arte como "el medio de expresión perfecto". Pero los encargos no llegaban y, un día en que no pudo comprar ni leche para su hijo Rodrigo - hoy, por cierto, cineasta de éxito, con filmes como Cosas que diría con solo mirarla, o capítulos de Los Soprano o A dos metros bajo tierra- decidió ir a ver a Gustavo Alatriste, productor de Buñuel, pero este sólo le empleó en sus revistas. Gabo, al final, lo consiguió.
En 1963 escribió el guión de El charro, filmado en 1965 por Arturo Ripstein como Tiempo de morir; y en 1964, El gallo de oro, sobre textos de Juan Rulfo. Carlos Fuentes recuerda: "Nos divertíamos mucho haciendo aquellos guiones, no sé si son muy buenos, pero nos pasábamos horas enteras discutiendo un adjetivo. En realidad, no estábamos haciendo cine sino novelas". En este pueblo no hay ladrones (1965), otro guión del colombiano, ofrece el regalo de actores como Buñuel, Rulfo o el propio Gabo, que compaginaba el mundo de cine con trabajos en la publicidad (fue autor de eslóganes como "Yo, sin Kleenex, no puedo vivir").
Los amantes de la literatura tienen una deuda enorme con aquellos años, que le hicieron desilusionarse del cine, por todo lo que no se podía contar con imágenes mientras que "las posibilidades de la novela son ilimitadas". Así, en 1967, vería la luz Cien años de soledad.